De California a Nevada

Sedona 86A

“Se hace camino al andar”…y tanto. Después de Australia creí que nada me parecería lejano, pero una vez más, que equivocaba. La carretera desde Los Angeles a San Francisco, la HW 1 resultó ser larga, muy larga, pero preciosa. Una ruta entre el mar y los pinos con curvas, llanos y muchas motos. Paré a ver los elefantes marinos, todos apiñados en una cala, gruñendo y tomando el sol, los había por centenares, crias, hembras, machos, todos echándose arena por encima del lomo ayudados por sus aletas.

Los leones marinos de la Higway 1 entre L.A y San Francisco

De esta cala de los leones salí pitando, había quedado con un “amigo” colombiano de FB que cambió su ruta para vernos un rato. Todo un detalle, cuando nos cruzamos (él venía y yo iba) dimos la vuelta y nos hicimos unas fotos. Al lado había un cóndor, algo raro ya que están en peligro de extinción, una multitud de fotógrafos y curiosos llevaban desde la mañana apostados en el guardaraíl para que se moviera y lo hizo ¡justo cuando descubierta dejó de rugir tras el giro de mi muñeca sobre su llave! fue mágico. Casi hasta me aplauden y todo. Uno de los fotógrafos que allí había me hizo una foto, que majo, no le conozco y me la hizo llegar por mail, increíble.

Rosas

El amigo de Colombia (no pongo su nombre que igual no quiere) me recibió con un ramo de rosas que perdí a la vuelta, flores y motos es complicado. Salí pitando para San Francisco, allí me esperaba un buen amigo y la pareja con un bebé de unos días que nos dejaban su casa, también tenían un perro, Yuyu (me encantan los peludos). Increíble otra vez. La gente es generosa.

Esta ciudad me ha gustado mucho, casi siempre digo lo mismo, pero es que no me da tiempo a aborrecer ninguna, lo poco que estoy en ellas me sirve para disfrutarlas, no odiarlas. Tiene un estilo europeo (del norte eso sí) y casi tanta gente joven por la calle como sin techo. Eso me llamó la atención, la cantidad de indigentes, muchos con enfermedades mentales, que hay en las calles.

Los sin techo llenan las calles de S.francisco

Y no es una ciudad con buen clima, hace bastante frío y mucho viento, constantemente. Esta gente, me dijeron, está así por las drogas. California es el estado más beligerante con estas cosas y eso dicen que se nota.

calle Lombard

He disfrutado de su divertida calle Lombard, que hay que bajarla en primera y frenando (reconozco que lo hice en punto muerto, me daba miedo que se calara y caerme, bueno, más vergüenza que miedo). Me quedé pensando en las personas que habitan esas casas de la famosa cuesta, menudo trajín todo el día frente a sus hogares.

jugando con los espejos

Desayuné en una cafetería que me señaló Javier Moltó desde el Twitter, que gran invento (@aliciasornosa). Un lugar con un mural del año catapún, y rodeado de espejos antiguos. Estaba lleno de turistas, como yo. El desayuno: dos huevos fritos con dos tostadas y bacon, más un café, algo más de 15 dólares…que dolor!

Salta

Saltando en SF

Visité el puerto, la zona de Pier, donde degusté un cangrejo cocido que me supo a gloria. Y una cosa curiosa, un museo de más de 50 maquinas antiguas que por un céntimo podías poner en marcha. Desde la gitana que te leé la fortuna hasta una carrera de caballitos de metal.

Las vistas de San Francisco desde lo alto son increíbles y del puente está todo dicho, no voy a añadir nada más, bueno una cosa, que cuesta 6 dólares volver por él a la ciudad.

2012-04-30 23.03.09

San Francisco por la noche es muy divertido, hay muchísimos bares, restaurantes y conciertos en directo de música country como el que pude escuchar, mira que a mi esa música no me llama, pero en directo y bien cantado, todo es agradable para los oídos.

Descubierta en Yosemite

Desde allí y tras agradecer a los anfitriones su hospitalidad, puse camino a uno de los lugares más impresionantes que he visto, junto con el Masai Mara en Kenia. Se trata de Yosemite. Es un valle rodeado de una gran, gigantesca montaña donde se encuentra una de las paredes más deseadas por los escaladores, el Gran Capitán, entre otros picos y paredes de granito de tremendas e indescriptibles dimensiones.

mirrow lake

Cascadas de decenas de metros, unas cuantas, pinos miles, vida salvaje, como ciervos, pájaros, pequeños roedores como ardillas y grandes depredadores de bocadillos humanos como los mapaches, con uno tuve el placer de cruzarme y es más grande que un perro cocker. Lo mejor para mi, el Mirrow Lake, un lago en el interior de la montaña,con su prado verde y sus arboles en la orilla, con un río que a veces es ruidoso y otras tranquilo y manso, En este lugar es dónde te puedes imaginar perfectamente la vida de los indios que antaño habitaron estas fértiles tierras.

ciervos

Allí pasé una noche, hacía mucho frío, pero mereció la pena haber llegado casi de noche y despertar en semejante escenario. Todo perfectamente limpio, ordenado, recogido y gigante. Esta palabra la utilizaré muy a menudo desde ahora, aquí todo es desorbitado, brutal, estratosférico.

Descubierta en Yosemite

Descubierta en Yosemite

Y de Yosemite por una carretera de montaña, hacia Sequoya, otro parque nacional con unos de los árboles más grandes el mundo, no tengo fotos, las he formateado sin querer, cosas de trabajar hasta tarde o demasiado temprano. Pero lo mejor estaba por llegar, el Valle de la Muerte me esperaba.

a las puestas de Valle de la Muerte

_Voy camino de las Vegas, está en un desierto, si, como éste_ iba pensando yo mientras me hacía al calor que reinaba en la entrada del valle.
_Y de la muerte, ¿Por qué?_

Me vino a la cabeza la conversación con unos señores en San Francisco, que me decía que cada verano mueren dos europeos, al menos, en este valle…

Yo sigo pensando que deben ser los tontos de Europa, que ese valle es una larga carretera, con cafetería y campo de golf rodeado de palmeras y sombra. (si, campo de golf). Si te mueres de sed es por tonto y no llevar la visa encima. La verdad que es muy bonito, árido y desértico. Tuve la oportunidad de meterme por alguna pistilla para hacer fotos sin que me viese la poli.

el final de Death Valley, el principio de las Vegas

Y de allí, a las Vegas para visitar la noche y por el día presa Hoover, la Ruta 66, un grupo de españoles en Gran Canyon y el verdadero color del oeste americano, pero en otro post, que si no este es muy largo.

Y si has llegado hasta aquí leyendo, toma una propina: http://youtu.be/7Szq98TkNR8

Visita mi página de youtube: aliciasorno y verás todo lo que llevo recorrido.

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Bye, bye L.A

EL paso por Los Angeles ha sido muy divertido. Además de sacar la moto de la aduana, poder dar un paseo por una de las calles más lujosas del paneta y habeme confesado en vivo y en directo a tod@s vosotr@s, querid@s loc@s del blog , he hecho otras cosas, como pasear con Descubierta.

La cuestión es unir el Mundo, por que al fin y al cabo, todos estamos conectador por un lado u otro. He estado en casa de amigos de amigos y además de pasarlo muy bien y conocer la vida en esta ciudad desde diferentes puntos, tengo nuevos amigos que no olvidaré nunca.

Hollywood Bulevard

Tras abandonar el hotel de Hollywood estuve en casa de un guionista de series, Salvo, que comparte un precioso apartamento con otro guionista, Steve y al que le encantan las bicis. Dormí en un comodisimo sofá, hice la compra, cociné mi primera tortilla de patatas de EEUU (esto ya va a ser una religión para mi), bebimos cerveza por la noche (que bien, ¡acompañada!) y hasta salí una noche a cenar por ahí. Además me ha hecho el favor de recibir un envío de ASM y volverlo a mandar (es que me he ido antes).

Nick Koudis en el jardín de su casa

Después conocí a un fotógrafo en Hollywood Bv cuando intentaba, sin éxito, poner la pata de mi moto para sacar una foto con el cartel de la calle detrás. Detuvo su coche a mi lado y me ofreció ayuda, ayuda que rechacé. Cuando encendí mi Mac, tenía un mensaje suyo, me invitaba junto a otro amigo a su casa para conocer mi aventura.

Malibu Mountains

Y fui, y Nick y Richard, me hicieron socia del Club de Scooters de Beverly Hills, nada menos. Y me enseñó su bonita casa de 1920 y me ofreció una estupenda habitación que no pude rechazar.

tortillas...viva España!

Y fui a la compra y cociné mi segunda tortilla de patatas (cada vez me salen mejor). Con ellos hice una de las rutas más bonitas hasta el momento, por las Montañas de Malibú con paso por un lugar mítico, Rocks Store.

Además (creo que fue que la tortilla que  me salió muy bien) este fotógrafo de famosos de Hollywood  me regaló una bonita sesión de fotos increíbles.
Las fuimos a hacer a un lugar muy curiosos de Los Angeles, Wats Towers, la obra de un lunático con restos de basura, en uno de los barrios “under” de L.A

en Wats Towers

En la ruta conocí a un hombre enorme con una enorme GS, Louis, me ofreció ayuda y me puso en contacto con la directora de una revista americana para la que escribiré algún reportaje y ya avisaré a tiempo.

Rock Store con Louis

Louis también me echó una mano junto con Nick, el fotógrafo, para hacer la revisión de Descubierta a buen precio.

mi pegatina en el taller

En el concesionario donde realicé la revisión de Descubierta*, tenían una flamante moto rosa (uiss) hasta la matricula. Sobre gustos…

matricula rosa

*Ni un fallo mecánico en 20.000 km, piezas perfectas, solo cambio de líquidos y recarga de batería, un 10 mi BMW.


Como no, en L.A visité la Iglesia de la Cienciologia, que por la parte trasera parecía un hospital para enfermos mentales y por el otro lado un centro comercial. Increíble, ¿no?

Pacto entre mujeres

De casa de mi amigo fotógrafo me fui a casa de otro personaje, Douglas, aquí he vivido Los Angeles en vivo. También fui al super y cociné una tortilla, además de hacer de profe con otra amiga austriaca a la que le salió mejor que a mi (la tortilla).

Douglas

Una vivienda con su jardín, su piscina, sus obras en los baños, su enorme salón con una mesa que se convertía…en una de juego! Su timba el jueves, su fiestón el viernes (a este no he llegado), y una noche divertidísima en un jacuzzy calentito, con cervezas heladas y con Hollywood a nuestros pies. Ha sido increíble y una historia digna de contar (pero más adelante que lo tengo aún que digerir).

tartas de colores

He comido tacos, he visto tartas de colores increíbles y antinaturales, creo que las tienen de adorno y son de plástico, increíble el mundo de la tarta en Los Angeles, me ha dejado boquiabierta.

Pablo, Alicia y Descubierta

He conocido a otra persona increíble, Pablo, es actor en la serie de “Hijos de la Anarquía”, además de motero acérrimo y una gran persona. Salimos con él Patricia y yo y pudimos comprobar que en L.A hay unos lugares increíbles para cenar y tomar copas, a las dos nos recordó a Madrid…pero no podemos decir donde es, es un secreto..

Vamos, que me voy a San Francisco cargada de buenas experiencias, con muchos ánimos y ganas de realizar un buen trabajo. Y vsotr@s que lo veáis.

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Echando la vista atrás

La triunfal llegada de Descubierta a EEUU

Ya llevo una semanita en Los Angeles y hoy que he tenido un poco de relax, me he puesto a pensar en todo lo que ha sucedido en este tiempo, esta semana que llevo aquí.  Lo primero fue mandar la moto en avión desde Melbourne, cosa que al principio me parecía complicadísima (mi nivel de ingles es pésimo aunque mejora) ya que tenía que negociar la tarifa de carga con un agente que por supuesto no hablaba en español. Desde España me ofrecieron ayuda y la acepté, aunque al final no llegó a cuajar si me abrió las puertas para conocer al que llamaré mi super-agente: Nick, de Melbourne.

A base de traductor on-line y advirtiendole desde el principio que negociaríamos por mail para mejor entendimiento (por teléfono no me entero y con el acento australiano menos), conseguí reducir la tarifa desde los 9 dólares/kilo hasta los 5,2, cosa que no está nada mal para ser la primera vez que negocio este tipo de cosas, sin nadie al lado que me eche una mano. Tras cerrar el trato con una compañía aérea australiana, volví a pedir ayuda. Necesitaba una caja y la manera de llevarla hasta la zona de carga de la compañía. Fue fácil, en el concesionario de BMW de Melbourne, me informaron unos buenos amigos de allí, las cajas las tiran o regalan. Ni corta ni perezosa (esta vez con un poco de ayuda de Phil, que ha sido como mi hermano en Melbourne) me planté en BMW para hablar con el jefe de servicio y pedirle el favor. Me lo concedió ipso-facto, la verdad que son encantadores en este país de las Antípodas.

Al día siguiente John (otro amigo de Phill y ya mío) me acompañó con su Ford pick-up a recoger la liviana caja desmontable de madera (base) y contrachapado (las paredes) de tan solo 68 kg, algo que después de utlizar las pesadas cajas de madera en Kenia e India, me parecía alucinante. Le seguí con mi moto hasta la nave donde me ayudó a desmontar el manillar y retrovisores y atarla a la base de madera. Peso total: 315 kg, con sus cajas llenas y todo, ¡genial!. Ahí se quedó mi Descubierta, en una caja de cartón, esperando a ser metida en la bodega de un avión. Hecha la transferencia saqué un billete en el mismo vuelo y tras 14 horas de viaje y un mail impreso con las instrucciones, puse los pies en USA.

En el aeropuerto

La cosa la pintaban muy complicada, en casa de Daniel y Nicole (otros buenos amigos que dejo allí) habíamos investigado los papeles necesarios para hacer la importación temporal ya que el carnet de passage en EEUU no sirve de nada. Tenía que haber mandado una carta a la EPA con la noticia y datos de la temporal importación de mi moto con una semana de antelación y haber obtenido respuesta pero lo hacía con tres días de margen, nada más. Iba sin ese papel, que seguro me pedirían en aduanas y sin el cual, la moto la volverían a enviar a Australia o Canadá, pero en USA no iba a tocar el suelo.

Tras el largo viaje de 14 horas en el que me adelantaba en el tiempo al volar al revés que el movimiento de la tierra, el avión puso sus ruedas en suelo yanki. De llegadas internacional me dirigí a “customs” en un taxi. Cuando entré en el enorme edificio de una planta que estaba casi vacío, una máquina de tikets de “su turno” y cuatro ventanillas vacías me daban la bienvenida. Tragué saliva y recé por que me atendiera un hombre…

Nada más lejos de mis deseos, se acercaba una mujer, negra, grande y con pinta de mala leche hacía mi ventanilla. Volví a tragar saliva. Me temblaban las manos de los nervios y el gigantesco jet-lag que tenía encima en esos momentos. El corazón me latía deprisa, la mujer se dirigió a mi y no entendí un pimiento. Encima el idioma, me puse muy seria, casi no podía ni sonreír.  Como buenamente pude le expliqué que necesitaba un sello para sacar mi moto de la zona de carga del aereopuerto. Ella miraba una tabla de importaciones una y otra vez y yo me atreví a volver a explicar que estaba de paso, a enseñarle todos los papeles que tenía y a sacar el carnet de passage. Ella os miraba mientras descartaba la amarilla carpeta diciendo, “este documento no lo reconozco”.

Hacia aduanas

Por enésima vez fui consciente de que tragaba saliva. Me miró y me dijo que la dejara trabajar en paz, que me sentara en una de las sillas-clones del fondo de a vacía sala y que eso de no saber qué hacer con mis papeles, era su problema y ella lo tenía que solucionar. ¿Su problema?, pensé, problema el mío como no le de la gana de sellarme el dichoso papel de salida. A los 5 minutos la impaciencia me comía y me acerqué de nuevo con todos los papeles a la ventanilla. La mujer me volvió a mandar a mi sitio. La he cagado, pensé de nuevo, ahora por idiota e impaciente me lo va a devolver todo. Me llamó, me soltó una charla que acababa en alguna pregunta. Mi cara de interrogación hacía que se desesperara por lo que llamó a una hispana con la que me entendí de maravilla. También se unió a la charla otro policía, este de origen asiático, que se interesó por mi viaje le di la dirección de mi web y se fue a mirarlo en el ordenador. Eso me daba ventaja, un hombre, una hispana y un ordenador. Bien!. La mujer americana seguía dale que te pego a los papeles, el ordenador y el teléfono.

Tras mandarme venir de nuevo a la ventanilla con un gesto de la mano y hacerme rellenar los mismos papeles que ya llevaba yo rellenos e impresos y por duplicado, me pregunta por una dirección postal, casi me pongo a llorar. pero respiré hondo de nuevo y en tres milésimas de segundo recordé los anteriores pasos fronterizos, lo de la dirección no sirve para nada, es un mero trámite, venga, échale morro. y casi sin pestañear le doy la dirección escrita en el mail del amigo del agente de Melbourne que me escribío las instrucciones con las posibles catástrofes de re-envío de mi moto a otro país si el papel de la EPA no llegaba a tiempo y se les cruzaba el cable en aduanas. Por fin veo que saca un sello, el asiático vuelve encantado con lo que ha visto en internet, la hispana me repite todo lo que la negra dice. Yo no oigo nada, solo veo los papeles en mis manos y el sello de la libertad. Cuando tengo todo en mi poder me permito el lujo de pedir que llamen un taxi para mi. Estoy salvada. Y me vuelvo hacia la poli, ¿Cuanto tengo que pagar?, Nada, me responde. Jum! me empieza a gustar este país.

Bandera

Llego en el taxi a la terminal de carga, enseño los papeles, pago 40 dólares en efectivo y me indican la puerta con verja tras la que las máquinas de levantar palés trabajan afanosamente. Miro por encima de un guarda de seguridad de dos metros y veo mi caja, las pegatinas de 2TMoto, Remsa y ASM que puse en Australia la delatan. Grito de alegría, se me encharcan los ojos, ¡es esa!! ¡esa caja es la mía!, todos me miran alucinando. Sacan la caja y alucinan más cuando la abro, no se que esperaban que yo esperara, una mujer, pequeña y medio llorando por ver su envío. Mi BMW está perfecta, pido 40 minutos para montarla, lo hago entre charla y charla de unos y otros y me voy. No, no puedo, necesito una tarjeta de teléfono para poder buscar un hotel, necesito internet… Pero eso es lo de menos, ya tengo mi moto y es lo mejor que podía pasarme, lo demás es secundario.

Me acerco al mostrador y pregunto, un jóven hispano (allí son todos sudamericanos aunque hablan en inglés) se ofrece a acompañarme durante su turno de descanso. Le sigo en la moto, me lleva a tres tiendas de telefonía diferentes hasta que damos con lo que busco. Que majo, le pregunto si le puedo invitar a comer algo, el me dice que no y que si me ha ayudado, es porque a él le gustaría que lo hicieran si estuviese en mi pellejo. Si todos pensáramos así, el Mundo este sería otro. Se lo vuelvo a agradecer y se va. Estoy sola. Es mi segundo país en el que me las tengo que apañar y sin controlar el idioma pero estoy segura que lo conseguiré y que Estados Unidos será un gran reto que finalizaré.

tocando la guitarra americana

Y mañana, más.

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Rodeo St: Una modelo de Chanel y un Bugatti

Rodeo Rd.

Increíble, Rodeo St, en California, los Angeles, no es una calle ni muy ancha ni muy larga, pero cada centímetro es de lujo. Las señales son de cristales de una conocida marca que los hace brillar como diamantes. Por las calles pasean los minibues con turistas que paran delante de cualquier cosa.

Bugatti, a todo trapo!

Como delante del magnifico deportivo que veis en las fotos! Un modelo casi exclusivo con motor central y tracción total. A mi se me caía la baba, y cada persona que pasaba delante se hacia la foto de rigor.

el culete

Es de un señor que ha fallecido, pero que tenía muchos negocios de moda en LA,he visto carteles anunciando su tienda, con su figura y un letrero que reza “La leyenda está viva aún”. Si y tiene un estupendo Bugatti aparcado en Rodeo Drive.

Modelingui

Y como no, la chica modelo guapa a rabiar, con un abriguito de Chanel, haciéndo las fotos de esta temporada, de lo más chic… cuánto glamour y yo con estos pelos!

Estupenda de la muerte

Aunque lo mejor de todo ha sido aparcar mi moto frente a una de las tiendas de lencería que más me gustan y ver como un poli en bicicleta pone multas a los Rolls que allí junto al bordillo aparcan y se les pasa la hora.   Nos pusimos a charlar y me permitió aparcar sin pagar ni un duro. Pues eso, todo el glamour, en Rodeo St.

 

 

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Sobre el alimento del alma

Cada vez que llego a un nuevo país me estreso, tengo que rápidamente ajustarme a sus normas, a sus costumbres, comida, café, lugares donde aparcar, comportamiento en la carretera, idioma, acento del idioma y un añadido más por ser mujer: observar el comportamiento de los hombres hacia nosotras. No es coña, en serio. En Europa estamos tan acostumbrados a convivir a diario que cuando llegas a otras culturas sufres un choque.

Me gusta el respeto, el acercamiento amistoso y la educación y estas tres cosas casi nunca, desgraciadamente, van unidas. Da igual que sea un país “desarrollado” o no. Y muchas veces, lo dejamos pasar cuando esto no ocurre con nuestros amigos e incluso parejas, pero no me quiero meter en esta piscina, que no he venido aquí a hablar de eso. Y he de escribir, que si alguien me ha ofrecido ayuda, han sido hombres.

Y es que acabo de cambiar de país, hace unas horas. Y estoy cansada, hambrienta y descolocada. Aún no me ha dado tiempo a amoldarme, a controlar el paisaje, a ver que tengo alrededor y este estado tipo “limbo” me agobia. Si, se me hace un nudo en el estómago, tengo ganas de llorar y comienzo a pensar que qué coño hago yo aquí. Casi sin un duro, con una moto que pesa exactamente 358 kilos, siempre en vaqueros, con unos pelos horribles y sin mis amigas-os con los que tomo cañas y me desahogo, donde el viento da la vuelta, es decir en España. Y cada vez estoy más lejos, o más cerca, pero no estoy con ellos ahí.

No hablo de tener una conversación electrónica (aka FB o Twitter, incluso Whatup, ¡que menos mal que existen y que todos me hacéis compañía!) hablo de un abrazo, de una mano en el hombro, de una opinión contradictoria a la mía expresada con cariño, de otro punto de vista al que mis ojos ya se han acostumbrado. De tantas y tantas charlas que junto a “cienes y cienes” de cervezas, me estoy perdiendo. De unos “Alicia no te pases” junto a otros, “comparto tu opinión al 100%”. Y me doy cuenta que esto es lo que le falta a este año y medio de vida que estoy haciendo. Y me muero de rabia, de nuevo el mundo es injusto, una vez más. De nuevo uno aunque haga lo que quiera, no lo puede hacer del todo, nada es perfecto, está claro. ¿No nos lo enseñan así de pequeños? Nos hacen creer en príncipes y princesas, en cuentos chinos. Todo cuesta y mucho, cuesta vivir, aunque estés de viaje por el Mundo.

Muchos me envidian, o eso dicen. Unos lo dicen en público, con el corazón, los que lo dicen por detrás es con envidia malsana, ellos sufren, yo no. Y visto desde fuera esto es para envidiar. Estas de viaje, viendo cosas nuevas, fuera del país en crisis, sin preocupaciones por el trabajo, pagos, hijos… Y lo se y lo entiendo, yo también he estado “al otro lado”, pero ahora estoy en este y no es fácil. No, al menos para mi. Pero es lo que toca, viajar y tirar para delante. Y aquí estoy, demostrándome no se que coño a mi misma. Y puedo volver, pero no quiero. Siempre me gusta terminar lo que empiezo es parte de la educación que mis padres me han dado: superarse y terminar lo que uno empieza, aunque no sepa bien, aunque la sopa no esté rica y te haya salido salada. No se puede elegir, no hay tres sopas distintas. Tu te la guisas, tu te la comes…y así con todo.

carreteras de baches con camellos

Y de nuevo estoy sobre mi moto, programando el GPS para llegar a algún lugar y ver siendo los ojos de muchos, oler, sentir frío, calor, la humedad relativa del aire, el depósito de la moto, cámara encendida, y ¡vamos!. En estos momentos, sobre mi BMW todo lo anterior se borra, se desvanece me transformo en otra persona, no pienso. No se si soy más feliz que lo que añoro, pero no estoy triste, ni cansada, el nudo desaparece y se me borran las lágrimas. Y hablo con mi abuela, ella está conmigo dentro del casco, siempre está ahí, desde que salí. Me escucha. Y entonces no quiero parar, me gustaría tener un depósito infinito para seguir y seguir.

Etiopía

Y cuando paro ya se algo más de lo que me rodea y con suerte alguien me espera, un amigo, un amigo de una amigo…y no ceno sola. Y puedo oir el ruido del cristal cuando choca con otro en un brindis y eso me reconforta, me anima y me le da sentido a lo que hago. No soy un lobo solitario, ni siquiera una oveja descarriada. Soy un ser social. Me gusta la gente.

Me crié en una familia con cinco hermanos y rodeada de perros, siempre en mi casa ha habido jaleo, siempre gente, somos una gran familia, primos, tíos, abuelos…ahora nietos y sobrinos y más perros. Me encanta cocinar, pero no para mi sola, para los demás, sentarlos al rededor de una mesa con el mismo aroma. Y este viaje me está dando esos respiros frente a los alimentos frescos, dispuestos por colores para ser cortados y cocinados. Ahí vuelvo a ser yo misma, pero sin nudo ni lágrimas, relajada, contenta. Me sienta bien. Y a los demás también, comer juntos une, cocinar para alguien es la mejor manera de darle las gracias, de pedir perdón, de agasajar…así alimento mi alma, cocinando, contando colores, escribiendo para mi que somos todos.

Y otra vez vuelta a empezar, irse de aquí para llegar a allá. Nudo en la garganta, arranco….ya…

mi Twiter: @aliciasornosa

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Cuatro ruedas transportan el cuerpo, dos mueven el alma: TASMANIA

En la fila antes de embarcar en el Spirit of Tasmania

El paso por Tasmania ha durado una semana. Y recordando todo lo que me va pasando, ha sido bastante soso. Pero me ha dado mucho tiempo para pensar. Normalmente me levanto y medito unos minutos. Muchos creeréis que es una tontería, pero al cabo de los años, preparan tu mente para poder afrontar mejor el día y en moto nunca sabes lo que te puede ocurrir, así que mejor, mente en blanco, por lo que pueda llegar, bueno o malo.

Tasmania y sus montes, sus casas, sus caminos

Tasmania es una isla que está a 250 km al sur de Melbourne, en Australia. Es lo más parecido a lo que te puedas encontrar en Nueva Zelanda, país que por su lejanía y lo que cuesta en tiempo, pero sobretodo en dinero, llegar, no podré ir. La ruta que voy a hacer me va a permitir ver casi en su totalidad todo lo que guarda esta isla, su historia y su riqueza natural. Además, tengo suerte, hace una semana estaba con temporal y a mi me va dar el solecito todos los días. Está situada a 240 km al sur de Australia, fue descubierta en 1773 por James Cook. Ocupa una superficie de 68.332 m2, está rodeada de pequeñas islas que son un paraíso de submarinistas y pescadores: Bruny, Hunter,Furneaux, King, Maquaire…

Spirit of Tasmania amarrado en Devenport

La noche en el barco es de traca, movimiento infernal con sus ruidos y ñiquis-ñiquis, no puedo pegar ojo, nos despiertan a las 6 am, menos mal que mi “compañera” de camarote sale pitando, es una mujer luterana (lo se por la etiqueta de su pequeña maleta) que ha dormido con la ropa puesta. Me ducho, me visto y bajo a la bodega a por mi moto. Cuando salimos del Spirit of Tasmania (nombre del Ferry), es aún de noche. Paro en la primera cafetería y como algo. Después comienzo la ruta, pero en menos de 50 km tengo que parar, estoy tiritando. El termómetro de la pantalla digital marca 3ºC. Espero hasta las 10 am para continuar.

Bicheno on the Bay

Me dirijo hacia la costa este donde el mar es azúl y hay una costa benigna que permite el baño en sus bahías. Glass of Wine, es el nombre de una de ellas, tiene forma de copa, de ahí el nombre. Espectacular, una palabra que no me cansaré de repetir durante esta semana en Tasmania. Los caminos se suceden uno tras otro, duermo en un camping muy bien montado, todo en Tasmania está bien montado, es caro pero de calidad, a los lugares de BackPackers no quiero ni acercarme, he pasado por alguno y son todo lo contrario.

largas carreteras

Busco un termino medio en cada pueblo y lo voy consiguiendo. Hoy dormiré en Bicheno on the Bay, en un camping con un bonito lago a un lado y la bella costa al otro. Unas piedras gigantescas de color naranja dan la bienvenida a un precioso mar azul marino. Estas piedras son típicas de aquí, ese color lo da un liquen que habita justo en esta latitud y con esta temperatura y humedad.

Playas de Tasmania

A la mañana siguiente amanece de nuevo con sol, estoy teniendo mucha suerte ya que hace una semana estaban las carreteras cortadas y había aviso de temporal. Me dirijo hacia Hobart, la capital de Tasmania que destaca por su industria empacadora de alimentos, carne y textiles. Fundada en 1804 por Robert Hobart, secretario colonial en esa época. Cuenta con el teatro más antiguo de Australia, fundado en 1890. En la capital se descubrieron los primeros dibujos de aborígenes plasmados en la roca.

Lagos de agua salada

 

Antes de llegar cojo una serpenteante carretera que me lleva cerca de la costa y me hace cruzar varios puentes, pequeños pueblos y lagos. Paro en un lugar tranquilo a hacer unas fotos. Está pegado a un lago y cerca de unas casas. De una de ellas sale un señor mayor, orondo, con su piel curtida y unas enormes manos. Me pregunta por la moto, la cámara, por mi. Me invita a una gran taza de café con leche que me tomo con gusto mientras intento entender algo de lo que me dice.

 

Lagos en Tasmania

A los 30 minutos me despido, se pone a trabajar en su garaje y yo me voy. Llego a Porth Athur, aquí están las ruinas de la cárcel fundada en 1830 y clausurada en el 70. Se le ha llamado “El Infierno en la Tierra” debido al horror que escondieron sus muros, estuvieron presas 12.500 personas, de las que una de cada siete, murieron. Cuando llego a la puerta me encuentro con unas vayas, una tienda de recuerdos carísima, un restaurante y el pago de una entrada de 30 dólares AUS, decido comer algo y largarme con viento fresco.

Ojo que no hay gasolineras en el camino

Tasmania presume de una fauna autóctona y única como el extinto tigre de Tasmania o el conocido Demonio de Tasmania, un pequeño mamífero carnívoro con mandíbulas más potentes que las de un Pit Bull, pese a su reducido tamaño. Se le llamó así por el sonido que emite el alimentarse por la noche. (Lo puedes ver en este vídeo pinchando aquí)

 

Camino de los bosques

Llego a la capital donde se encuentra la famosa plaza de Salamanca, levantada al lado del puerto y de arenisca georgiana construida allá por 1800 muy bonita pero me esperaba otra cosa, está llena de cervecerías en las que tomar algo. Al día siguiente salgo para el centro, quiero ver las espectaculares lagunas de Cradle Montain, que han sido nombradas Patrimonio de la Humanidad. El camino es sencillo, con carreteras más o menos grandes. Eso si, cada 300 metros hay un canguro, walaboo, ardilla o ratón (o algo que se le parece) atropellado. Me recuerda a la carretera de los perros de Sudán.

Curiosa casa en Queenstown

El siguiente paso es llegar a un antiguo pueblo minero donde el oro hizo rico a más de uno y donde muchos de los presos de Porth Arthur trabajaron en la oscuridad, Queenstown. Ya en 1960 la mina se cerró, dejando en el olvido este pintoresco pueblo que pronto se reconstruyó y convirtió en una atracción turística, con su bonito tren que te lleva hasta la cima. Como dato curiosos, aquí hay una estatua en honor a los australianos que lucharon en la guerra de Vietnam. Vuelvo a subir el empinado puerto por la carretera de las mil curvas para dirigirme al centro.

Queenstown y su homenaje a los soldados

Cradle Montain es una zona pre glacial en la que habitaron hace miles de años los nativos de esta isla, se han descubierto sus armas de silex, utensilios y pinturas en las cuevas de la intrincada red de acuíferos bajo el suelo. En la cima, árboles milenarios, pinos, encinas y otros ejemplares forman un bosque húmedo con un especial micro-clima. LLego hasta los lagos, intento que me rebajen los 250 dólares que cuesta el helicóptero y como no me hacen ni caso, decido no insistir y me voy.

 

bosques y lagos

Ya casi he visto todo lo que quería, Tasmania es una bonita isla con montaña, playa, mar, ríos, lo tiene todo. Ha hecho buen tiempo, he tenido suerte. Tan solo me queda volver al barco.

en el ferry, buenos momentos con otros viajeros motorizados

Allí me encuentro con muchos viajeros, una pareja que llevan dos años a bordo de su Guzzi-casa, una australiana que viaja en una Triumph, Harleys, un grupo de GSeros…Todos charlamos y nos saludamos, es lo bonito de viajar en moto, te encuentras con muchos hermanos. Y mi siguiente paso, saltar a EEUU, lo estoy deseando.

 

Si has llegado hasta aquí, te mereces un vídeo:

 

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Y esta es la galería:

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¡¡¡Me han robado!!!

¡Me habían robado!, llegué agotada a la gasolinera y eso que solo llevaba dos horas conduciendo, pero dos horas luchando contra el vendaval: la moto de lado, yo medio fuera y cada vez que me adelantaba o pasaba en contradirección un camión de estos con sus 10 ruedas, la moto me daba banzazos hasta estabilizarse, ¡que cansancio! Pero tenía que llegar a Colac al menos, es la mitad del camino de los 500 km hasta Melbourne. Lo único bueno, volví a pensar, es que no llueve como ayer.

Por el camino a Colac

Paré en una gasolinera de un pequeño pueblo. Todo era como de una película de Almodóvar, pero a la australiana. Los surtidores de dos colores, rojo y negro. Busco el octanaje pero no lo veo. Supongo que el negro es diésel, pero quiero saber qué tipo de gasolina voy a echar a Descubierta. Llega un señor en una camioneta pick up (todos usan esas camionetas allí, observo) es un tipo alto, con la cara curtidísima, le faltan dos dientes, le pregunto por el octanaje y no me entiende, yo a él, tampoco, le doy las gracias, me mira extrañado y yo a él. Segunda intentona con otro tipo de las mismas características, pienso que falta un buen dentista en esta zona. Nada, al final, por puro aburrimiento, echo la gasolina que sale del tubo rojo, peor que lo que ha bebido Descubierta en África, no va a ser, me digo.

Entro en la pequeña tienda de la gasolinera. Tiene un microondas y un muestrario de rollos y salchichas grasientas. Huele a comida, a pizza y eso también me recuerda que solo llevo un calfelín en el cuerpo, debería comer. Cuando voy en ruta no me acuerdo ni del hambre. Espero mi turno mientras observo, un hombre grande, con el pelo rubio y barba, pintas de mecánico, debe ser el dueño, que trabaja en el taller pegado a la tiendecita. Un chico joven, grandón y con una sonrisilla absurda en la cara. No quita ojo a la cajera, una chica rubia y delgada que esconde su trozo de pizza cuando se acerca el cliente.

En el camino 2

Me toca, la rubia me sonríe, me dice el precio en un inglés indescifrable, menos mal que puedo pagar con la tarjeta y no me tengo que poner a contar billetes. Pero, no encuentro las tarjetas, me las he dejado en la moto? Que raro, en el TOP Case no suelo llevar el dinero. Pido disculpas y salgo, busco, no encuentro, me vuelvo a remirar los bolsillos, el monedero…nada. La cara de alegría se me va transformando en cara de cabreo, ¿donde lo habré puesto? Vuelta a mirar en la moto, en la bolsa amarilla de la ropa, en el sobredepósito. Nada. NADA.

Vuelvo a la tienda con los ojos a puntito de explotar en lágrimas, ME HAN ROBADO, joder, joder y joder, el puto pueblo de las señoras con mostacho!! Pero cuando…?
Pido disculpas por enésima vez y además, ayuda. Se apiadan de mi cuando saco unos billetes y pago mis litros de “nafta”. El chico joven sigue con esa sonrisa estúpida en la cara y yo pensado que me han robado. Por Dios, no te sonrías, estoy a miles de kilómetros de mi banco y no tengo más dinero que el que escondo para emergencias en mi chaqueta. El pollo sigue sonriendo, me mira, mira a su padre, mira a la rubia…sonríe.

Les pido que llamen al hostel, hay un contestador y hasta las cuatro de la tarde no abren la recepcción, que raro, les dejo un mensaje con lo que me ha pasado en susodicho contestador. Siguiente paso, llamar a Visa, menos mal que tiene un numero gratuito y me atienden, a la media hora de estar colgada del teléfono y con la oreja ardiendo, pero en español. Mientras ya se de qué va el muchacho, es un poco bobo, va detrás de la rubia, le lleva regalitos absurdos mientras mira de reojo al padre. La rubia lo aguanta por no perder el trabajo, él es inofensivo y el padre hace la vista gorda, su hijo está entretenido. Que bien aquí salen todos ganando, el padre, la rubia y el bobo.

Great Ocean Road comiendo Fish&Chips

Cada vez que lo pienso me dan ganas de llorar, seré estúpida, dejé 2 minutos la habitación abierta, mientras cargaba la moto. ¡Que tonta!. Y ahora, qué…Fuera el viento sigue soplando, miro el parte en mi móvil con conexión 3G, rachas de viento de 40km/h a 50…vaya mañanita que llevo. Subo sobre el lomo de Descubierta y decido llegar a Colac como sea. Y lo hago, dos horas más sin dejar de sufrir el vendaval acompañado de maravillosas gotitas de lluvia que enguarrinan la visera de mi casco cuando salpican las ruedas de los coches y camiones que me adelantan sin piedad. No he pasado de tercera, ni de 60km/h, voy fuera de la moto totalmente. Me duele hasta el alma…y sin tarjetas, espero no tener ningún imprevisto gordo.

El pescado, las patatas y la torta de patata

Como no tengo tarjetas tengo que ahorrar y lo peor es que me vuelvo a acordar de que tengo hambre. Y poco “cash”, decido hacer algo que nunca hago, meterme en un “fish & chips” y por menos de 10 dólares comer y beber agua. El lugar tiene unos cuanto premios, pero no se de qué. El pescado está bajo una enorme capa de rebozo que quito inmediatamente, está rico. Lo de “sin patatas” no lo entienden y me ponen las fritas y otra cosa que parece otro trozo de pescado. Es una masa de patatas frita. Coño, esto es como lo de “pan con pan” (comida de tontos) pero con patatas. Doy buena cuenta y comienza otra vez el suplicio contra el viento y la lluvia por la carretera.

Con Marlene y Stand

Me acuerdo de Stand y Marlene, un matrimonio motorizado que me dieron su dirección, en Colac. Llego hasta este pueblo a 250 km de Melbourne y paro en el MacDonals, ahí se que hay Internet y por si tengo que hacer llamadas por el Viber… Mando un SMS a Marlene y otro a Stand, no tardan en contestar. Me dan cobijo en una hora en su casa. Tienen un perro negro, una casa grande, dos coches y una caravana, ¡dentro hay cinco motos! ¡Me gusta!
Me atienden, Marlene me da un abrazo y me dice que no me preocupe cuando les cuento lo sucedido, me echo a llorar. Me abraza de nuevo y me pregunta que cuanto tiempo llevo fuera de casa, 5 meses…claro, no me extraña que llores, ¿hace cuanto que no te abrazaban? Me pregunta. Mucho, contesto y vuelvo a llorar.

Cenando en familia

Cuando se me pasa, me enseñan mi habitación y me invitan a que me quede el tiempo que quiera, son amorosos. Stand trabaja con guías de educación de pequeños, Marlene me cuanta sus aventuras en moto mientras prepara una cena. Hay de todo, verduras, cordero, pan, aperitivos aceitunas y vino. Entre las dos nos terminamos dos botellas. ¡A dormir calentita!

La moto campeona y su piloto

Al día siguiente es sábado, amanece lloviendo y con más viento que ayer. Marlene me pide que me quede, acepto encantada. Nos vamos a ver a su cuñado, la hermana de Stand murió. Es un hombre que vive en medio del campo, con cinco perros, le fata una oreja, está cuadrado y tiene 75 años. Alucinante, además tiene cuatro Triumph las arranca todas y lo hacen a la primera pese a las telarañas que las cubren. También tiene unas motos con side. Una lleva el numero 1. Se lo que significa, esa moto ha sido la ganadora de un campeonato alguna vez. Me intereso, me cuanta que él corría y ganaba. Me enseña fotos en un circuito de velocidad de tierra. ¡¡Que gente tan increíble!!

Arrancan a la primera!

Nos vamos en coche, sigue haciendo un tiempo de perros y me llevan a un parque natural. Tardamos 3h en llegar (aquí no tienen prisa nunca, como todo es tan grande, están acostumbrados) El paisaje es increíble, bosque, piedras, riscos, niebla, unas vistas alucinantes desde lo alto. No vamos a hacer el trekking de dos horas que hay, hace mucho frío. Después bajamos la montaña, Marlene ha preparado un picnic Comemos sándwich y volvemos al coche, ahora vamos a ir a un centro de aborígenes. Escuchamos el Dijiridoo.

Recorte del periódico local

La vuelta la hago dormida, muchas cosas en poco tiempo. Mañana me voy. Me levanto y está diluviando, Marlene me dice que me quede, pero quiero llegar a Melbourne y solucionar lo de mis tarjetas. Son encantadores, he pasado un fin de semana increíble. Me han hecho una entrevista que saldrá en el periódico local. Me han presentado a sus amigos. Nunca lo olvidaré.

Por fin! mis tarjetas, gracias ASM

Llego a Melbourne cayendo la del pulpo y pensando en lo amables que han sido conmigo. Estoy muy agradecida. Es domingo, el lunes llegan mis nuevas tarjetas. Gracias a un robo he vivido dos increíbles días con gente estupenda. En Melbourne me esperan mis amigos, Phill, Ben y Michel, el dueño del loft en el que vivo, estoy teniendo mucha suerte. Este viaje en solitario me gusta, pero me gusta por que no estoy sola. Paradoja. Cuando estoy sobre la moto en el camino no me importa, soy feliz, disfruto con el viento, los olores, los colores, el paisaje… pero cenar sola, comer sola, desayunar sola y contarme las penas sola, me da pereza. Menos mal que al día siguiente llegaron las tarjetas, gracias a ASM, uno de mis patrocinadores, todo efectividad!

La Great Ocean Road, me ha sorprendido, en todos los aspectos, no ha dejado ni uno sin alterar.

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Doce Apóstoles y un Koala

Comienza la ruta!

Una de las rutas que más me han gustado por Australia, es la Great Ocean Road, su nombre lo dice todo, aunque aquí la llaman G.O.R que es un nombre mucho más feo. Se trata una preciosa carretera que discurre paralela al mar Antártico, en muchas ocasiones las olas pueden llevarte si está la cosa fuerte, vas pegado literalmente a la orilla. Tiene puertos con acantilados, cruza una reserva natural de un bosque húmedo milenario, único en el mundo, cascadas, paisaje desierto, granjas y campos de trigo. Todo en unos 500 km de trazado que comienza casi en la capital del estado de Victoria, Melbourne dirección Adelaida.

On The Road

Casitas en Lorne

La zona en la que hoy se encuentra la GOR estuvo habitada por tribus aborígenes. En 1801 los primeros europeos llegaron a Port Phillip estableciendo pequeños asentamientos inconexos como Lorne o Apollo Bay. En 1846 fue cuando se comenzó a poner de moda ir a veranear a poblaciones pesqueras como las nombradas, cuando se inauguró el faro de Split Point, los habitantes de estos pueblos comenzaron a demandar la construcción de la carretera.

On the Road 2

Al finalizar la Primera Guerra Mundial y debido a la falta de trabajo, se utlizaron a más de tres mil soldados en los 13 años que duró su construcción. Muchos de ellos, como pasa siempre en las grandes obras, murieron. La Great Ocean Road finalmente se inauguró en noviembre de 1932 y se dedicó a todos aquellos soldados que murieron peleando por Australia en la Primera Guerra Mundial. Bonita historia, ¿no? Pues esta no es la única.

Aunque llueva, hay surf

La belleza de esta ruta me hace parar constantemente en las zonas preparadas para ello. Los carteles de “piense que lleva a alguien detrás” advierten de no quedarse embobado mirando a tu derecha. Pero la velocidad máxima es de 80 km/h, que según llegan las curvas baja has 40 en muchos casos. Cuando salgo de Melbourne está lloviendo, pero con mi equipo de agua de BMW (probado y más probado en Etiopía) voy tan tranquila, se que no me voy a mojar.

vistas desde la carretera

Lo mejor de este camino es que no hay camiones, y que todo el mundo circula tranquilamente. Además, cuando ven que llevo matricula europea, se cargan aún más de paciencia ente mis “despistes” y paradas casi sin tiempo a avisar. Tras una hora de aburrida autopista llego a Geelong, una ciudad industrial que paso sin miramientos, es la segunda más grande de Victoria. Por fin entro en la GOR, un carril para cada sentido y andando, el asfalto, pese a la proximidad del mar stá en perfectas condiciones.

Motos y Surf

A 21 kilómetros de Geelong hago la primera parada, me encuentro en la cuna del surf, el pueblo de Torquay, aquí todo son tablas y neoprenos, es donde nacieron las más importantes marcas de surf. Me acerco hasta la playa de Bells Beach, un grupo de jóvenes da clases de surf, hace fresco pero no puedo resistirlo, subo la moto a la acera y espero pacientemente a que alguno de estos deportistas suba por la escalera con sus tablas…y…gotcha!

Great Ocean Road Lorne Camping

Comienza a despejar y hace mejor temperatura, ya no llueve aunque he aprendido que el tiempo en esta zona cambia por minutos. Llego a Lorne, un pequeño pueblo muy cuidado y con un aire al mediterráneo francés. Casitas de colores y restaurantes con deliciosos vinos. Busco alojamiento, pero no baja de los 100 dólares una habitación con baño compartido. Decido ir a un tranquilo camping con un lago al lado. Los patos y las cacatúas campan a sus anchas. Consigo un descuento y pago veinte dólares por un espacio para mi tienda. Mientras la monto (no la abría desde Sudán) rezo para que no llueva esta noche mientras me acuerdo de Miquel Silvestre y los meses que viajamos juntos. Suspiro.

en el camping con Marlenne y Stand

Se acerca una pareja motorizada, cada uno en su moto, él con una Triumph y ella en una Yamaha, negras y de estilo custom. Alucinan con mi BMW F650GS, me preguntan muchas ocsas y me ofrecen sus teléfonos por si me pasa algo. Llega la hora de dormir, me como una sopa en un restaurante griego y a la cama, no, mejor dicho, ¡al saco!

Alicia, su nuevo equipo Air Flow de BMW y la chaqueta de agua

Por la mañana estoy molida, la colchoneta que reparé en Nairobi sigue pinchada por algún lado y como buena Ley de Murphy que se precie, he dormido encima de una picuda piedra. Levanto la tienda, tomo un café soluble y salgo de ruta, hace buen tiempo. Perfecto para mi equipo, un Air Flow que BMW España me ha hecho llegar. Es comodísimo. Visito la bahía de Lorne, preciosa con un mar de un color azul indescriptible y la carretera comienza a internarse en la montaña.

Un Koala en mi camino

De pronto estoy entre helechos gigantes, cantos de raros pájaros y muchísima vegetación. La GOR se interna en el Great Otaway National Park trecemil hectáreas de bosque húmedo prehistórico, único en el mundo. Estoy en otra dimensión, creo que en cualquier momento puede aparecer un dinosaurio Rex de detrás de esas gigantes plantas. Pero veo otra cosa. Una bola de pelo rara en medio del asfalto, ¿un canguro?, demasiado quieto y demasiado pequeño, me voy acercando, ¿un abrigo de piel que alguien ha abandonado?, coñooo, que es esa bola de pelo. Aminoro la marcha hasta que lo tengo delante, entonces apago el motor de mi Descubierta, pongo la pata, las luces de emergencia y salto de la moto. ¡Es un koala! el primero que veo, en libertad, salvaje…bueno, peligroso no es, dicen que son agresivos, que arañan. Me pongo delante y viene hacia mi, alucinante, le rasco con los guantes y me coge la mano. Ahora entiendo lo de que arañan, si no es por mis guantes me hubiera deshoyado la mano, con esas garras se sujetan en los eucaliptos, la exclusiva hoja que comen. Empieza a llegar gente que baja de sus coches. Hay un atasco y yo me largo, cuando rodean al animal me pongo mala, me voy.

Doce Apóstoles

Soy feliz entre los árboles y las curvas, mi BMW F650 GS es perfecta para mi. Ya la controlo mucho mejor que cuando hace cinco meses largos comencé esta aventura y voy segura, se como va a reaccionar. Monto unos neumáticos de tacos, los Continental TKC 80, pero por carretera no van mal y me permiten hacer incursiones por pista si es el caso. Salgo del bosque y llego a Port Campbell, de aquí a ver los 12 Apóstoles, unas formaciones de caliza de 40m de altura que se encuentran a la orilla del mar. Decepción, para verlas hay que entrar en un parque temático, pero aprovecho para hacer pis y beber un café. Incluso hay un servicio de helicópteros para ver la impresionante costa desde el aire. Cientos de asiáticos llegan en autobuses. Lo veo, me quedo con la boca abierta, la cierro y me voy chasquendo la lengua, odio ver tanta gente junta.

Descubierta con otra mirada ...

Vuelvo a parar, esta vez he seguido a unas motos por unos caminuchos que llegan hasta casi la orilla. Son zonas para soltar la barca del remolque, no hay nadie, hago mis fotos tranquila y me voy. Tengo que llegar a Port Fairy antes del anochecer. Y lo hago, además ha comenzado a soplar un viento bastante incómodo. El pueblo está desierto, como se quedan todos los de la playa después de las vacaciones, cuando llega el mal tiempo. Me acerco a la oficina de turismo para que me indiquen los lugares más baratos para dormir, con este viento la tienda se me vuela.

Me voy de este lugar

Me río para mis adentros y me regaño por no tener la osadía de sacar la cámara para según que cosas. Las dos mujeres que me atienden tienen un prominente mostacho. Me dan la dirección de un hostel el YHA, es una cadena. Voy, consigo una habitación para mi sola por 60 dólares, no está mal. Baños compartidos y te llevas y traes las sábanas limpias-sucias a la lavandería. ¡Encima te hacen trabajar! y vuelta a pensar en lo de antes, la mujer de “recepción” del hostel…tiene bigote!! deben ser los genes de este pueblo. Salgo a buscar donde comer, esquivo los fish and chips, me dan asquito. Compro las cervezas en una licoreria y me las llevo a un japonés. Engullo unos fideos con verduras mientras me pimplo las tres birras. Que rica sabe la cerveza después de un día agotador. En este pueblo no hay nada más que hacer caigo rendida en la cama pensando en la ruta de mañana.

En medio del bosque húmedo

Madrugo, medito y me visto. Tengo que salir rápido, los árboles se mueves que parece se vayan a arrancar del suelo. Miro el tiempo en mi móvil, pero en este maldito pueblo no hay cobertura. Tengo que salir de aquí. Cargo la moto y dejo medio minuto la puerta abierta de mi habitación. Luego me arrepentiré. Como hace mucho viento decido continuar por la Princess Road, al menos está en el interior y no soplará tanto el viento, pienso, pero da igual. A las dos horas de ir con medio cuerpo fuera de la moto, en tercera y sufriendo cada vez que un camión de diez ruedas me adelantaba, llego a un pueblecito con gasolinera, tengo que comer algo, no he desayunado y repostar. Cuando voy a pagar, no encuentro mi Tarjeta de Crédito, ninguna, ni el dinero que tenía en mi bolsito. No me lo puedo creer, me han robado!

continuará.

Te dejo con este video sobre esta carretera, si te gusta el post, sólo tienes que dar al los botoncillos de compartir, te lo agradezco, ah! sabes que estoy en Twitter: @aliciasornosa búscame!!

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Bali y un mercado

hay algo que me gusta más que rodar, comer.

Hay cosas que nos gustan tanto como las motos no lo podemos negar, una de ellas seguro es la comida. Al menos a mi, me encanta llegar a un país y empezar a oler que lo que “se cuece” por sus calles, a mirar de reojo en las cocinas, a separar las especias con el olfato.

Mirando el mar...relax en Bali

Entre playa y playa, siesta y siesta una pasa por las calles, pasea por entre las casas, se mete en los supermercados, lo hago en todos los países, el olor en las calles es fundamental para entender la vida en cualquier lugar.

Puesto de verduras en la calle

Si viajas por Estados Unidos, huele a hamburguesa, por Australia es casi el mismo olor a esa grasa con la que fríen todo. En Inglaterra huele a curry, en áfrica a maíz asado, a pescado frito…en Asia siempre huele a comida, dependiendo del día más a dulce que a salado. Los puestos de las calles están funcionando todo el día y yo que soy de buen yantar…pues siempre ando con el apetito abierto, me tengo que controlar.

cangrejos, gambas y pescados en las brasas

He estado unos días en Bali y me ha dado tiempo a hacer otra de las cosas que me encanta, visitar los mercados, como el de Adelaida o Goa, en India. He querido saber de dónde vienen esos peces tan ricos que preparan a la brasa por las noches. Y he decidido seguir al pescador.

Barcas típicas indonesias varadas en la arena tras la faena

Llegan en sus particulares embarcaciones muy temprano, después de faenar toda la noche si el viento y el mar Indico se lo permiten. En la orilla les esperan con un carrito para subir la barca y unos sacos para el pescado. Son unas barcas con un cuerpo tipo canoa ayudadas por uno o dos patines en sus costados. Los pescadores salen de uno en uno, sin compañía, a su lugar secreto donde conocen el banco que les interesa y lo hacen solos para que nadie descubra su lugar de pesca. Que valor, un mal golpe de mar… y a ver quien te ayuda. Ser pescador es duro en todo el mundo, hasta el lugares paradisiacos como Bali.

Mujeres calibrando y pesando unos atunes

Cuando la pesca está en tierra firme, son las mujeres las que lo clasifican y pesan para llevarlo al mercado, las balinesas son fuertes, aunque no están gordas, trabajar con estos peces llenos de espinas es complicado, puedes cortarte o pincharte fácilmente.

Red Snipper y otros pescados

Lo que más he visto ha sido atún y red snipper, un pez del color rosa, que parece de roca pero que cuando lo comes es como una lubina. Lo hay grande y pequeño, el pequeño es de sabor y forma como nuestra dorada, aunque con colores claritos tirando a amarillos. No reconocía más que el atún, los mariscos y los calamares, ah! las almejas también.

Un pescadero me ofrece almejas

Otro señor me ofrece un gran calamar

El mercado en grande, está casi a oscuras y no huele mal, huele a mar. Hay peces de todo tipo, calamares y almejas, gambas y ostras, cangrejos, peces fileteados, sin cabeza, por partes…

 

Animado puesto de pescado, listo para la parrilla

 

Los dueños de los chiringuitos los compran y metidos entre hielo se los llevan a unas peceras como las de las pescaderías, allí los exponen para que uno llegue, lo elija y se lo coma. Los preparan en sopa, cocinados, a la brasa… y esta última manera, es la que más me gusta a mi.

Limpio y con el corte preparado

Untando el "mejunje" en la carne del red snipper

 

Gamba tigre dispuesta a ser "pintada"

Pero hasta que llega a tu mesa, hay que prepararlo: primero le quitan las escamas, aletas y espinas exteriores, lo abren y separan las tripas. Lo limpian bien con agua dulce. Y luego le empiezan a dar su toque. Unos cortes especiales con los que separan la carne de la espina y en los que untarán una delicioso brebaje, algo así como salsa de soja con limón y especies, un poco picante.

Comer con los pies en la arena, ¡un placer!

El lugar increíble, unas mesas en la misma orilla, se come con los pies en la arena (que gusto) mientras el tiempo lo permita, puedes degustar la rica cocina balinesa sin quitarte el pareo, escuchan el vaivén de las olar y mirando un infinito mar que cambia de color del marino al turquesa y casi al banco dependiendo del viento que sople. Se agradece que esté nublado, aquí el sol es implacable y aún así, tengo que beber mucha cerveza para no pasar calor.

Lista para dar buena cuenta de la comida

Por fin, las viandas deliciosas repartidas en la mesa, sopa de pescado, ensalada de tomate cebolla y el omnipresente pepino, arroz,  base de la alimentación asiática, una verdura particular, entre judía verde y espinaca con ajito y guindilla, patatas a la brasa y por fin el red snipper, las gambas tigre y las almejas.

Bonita manera de presentar la piña

Buen olor y mejor sabor, con toques picantes y un arroz que no llega a ser basmati, pero que despide un buen aroma.

De postre piña y sandía, tan bien cortada y presentada que hay que hacer fotos de ellas.

Y si has sido capaz de leer hasta aquí, te dejo con un vídeo, casi casi, se puede oler esta rica comida. Que lo disfrutes y ya sabes, si te gusta, pásalo!!

PD. Si te gusta el vídeo, aprieta el botoncito de compartir…gracias!

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BMW World Tour-Phillips Island Grand Prix SBK: un finde con un equipo

Este vídeo va de cómo se vive un fin de semana de carreras, dentro de un equipo.
No paran de revisar, medir, ajustar… durante el viernes y el sábado, ya que el domingo está todo decidido.

SBK Phillip Island con equipo Ruso

En este caso acompañé a un equipo ruso, cuyos técnicos son italianos, las carreras de SBK las organizan los italianos por todo el mundo. Claudio Corsetti permitió que viviera con ellos estos tres días.

Races

El ambiente en este circuito es asombroso, no hay vallas que cierren los espacios y las tiendas de campaña se “plantan cerca de una de las curvas más impresionantes de ver. Los aficionados se levantan con el sonido del motor de su piloto favorito mientras entrena. Todo está muy bien organizado e incluso (como en todas las carreras de SBK) permiten al medio día que el público pasee por el pit lane viendo qué es lo que ocurre en los boxes.

Hablando on Troy Corses ex piloto y bi campeón de SBK

Pude charlar con el ya ex-piloto Troy Corses, australiano y dos veces campeón de SBK. Un tipo amable y atento. Le pedí que viniese hasta mi moto para firmarla y se dió el paseo. Firmó, nos hicimos fotos…en fin, una gozada encontrar pilotos accesibles como estos, no los de MotoGP que no hay quien los tosa.

Viendo la salida desde el semáforo

Desde aquí arriba, que es donde está el semáforo y al lado de quien acciona la luz roja y la apaga para que todo comience, pude ver la salida, verla, oírla y sentirla. Tela marinera como vibra el cuerpo cuando todas las motos pasan por debajo de tus pies. Es espectacular sentir la adrenalina desde ahí arriba, los segundos de silencio y concentración justo antes, instantes de que todo empiece, de que los pilotos suelten el embrague y abran el gas. Ha sido una experiencia orgásmica, estaba más contenta que unas castañuelas.

Podium, nuestra bandera, la más alta.

Mi contento iba en aumento, tras la caída de Carlos Checa en la primera carrera, en esta segunda en la que casi doy yo la salida, gana. Menudo carrerón, alucino (y mira que mi padre es piloto de coches y se que están entrenados y tienen una gran fortaleza física) por ver cómo quedó la moto, por haber visto la caída y por seguir viendo que sale a correr y además gana. Es un claro ejemplo de superación y concentración. Pues eso, ganó, subió a lo más alto y me emocioné, no dejé de gritar ¡BRAVO!en todo lo que duró la entrega del trofeo.

Charlando con Carlos Checa

Y como en los circuitos me muevo como pez en el agua, estoy como en mi casa, conozco los tiempos, se cuando colarme en los box, en el pit lane…en fin, es que me he criado entre circuitos y rallys, pues decidí ir a ver a Carlos Checa a ver si él también me firmaba en Descubierta. Eso si, después de que todo pasara. No se puede conseguir que un piloto te haga caso después de la carrera, los nervios el cansancio, la rueda de prensa …

Carlos Checa y Alicia Sornosa


Dicho y hecho, la paciencia siempre tiene su recompensa. Esperé a que todo terminara, esperé y esperé, mientras esperaba llené mi moto con gasolina de las SBK, de 104 octanos, el mecánico del equipo dirigido por Claudio Corsetti, la dio un repaso.
Y entonces decidí que para que fuese un finde redondo debería cumplir el reto que yo misma me impuse el viernes, meter la moto en el circuito, bajo el arco donde había visto la carrera. Normalmente es un lugar fantástico con el mar al fondo. Esta vez, como estaba nublado el mar no se vería, pero hice fotos hasta hartarme.

Descubierta en la recta de salida

Después Carlos me firmó la moto, detallazo que me dedicara unas palabras en la misma firma. Una persona agradable que se interesó por el viaje y no le molestó que yo le molestara. Da gusto, insisto, que diferencia con los endiosados pilotos de MotoGP, que no se les puede ni ver. Y así terminó un bonito finde de carreras. En un mítico circuito y rodeada de entusiastas de lo mismo que yo, las motos.

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